“Esta generación de usuarios de mensajeros encuentra en el celular el dispositivo ideal para satisfacer sus necesidades de comunicación, pertenencia, personalización y privacidad”, esa es una de las conclusiones a las que arriba un estudio realizado por la consultora Carrier y asociados.
A 33 años de la primera comunicación celular, este estudio señala que uno de los segmentos de la población argentina en donde más se masificó el uso intensivo de este dispositivo, es el que se comprende entre los 12 y los 18 años. Entre 2003 y 2005, la relación de los adolescentes con el celular ha sufrido un cambio profundo junto con la explosión del servicio.
Es la primera generación que estuvo en contacto desde que nació, con este (ahora) pequeño aparato. Está integrado en sus vidas cotidianas, no se contempla con ningún tipo de asombro porque es algo habitual.
El estudio atribuye su éxito a algunos grandes y relevantes factores. En primer lugar, se lo señala como el punto de partida de la independencia del individuo: este objeto perteneciente al mundo adulto, cuando es obtenido por un adolescente se convierte en una insignia de prestigio para su pequeño poseedor, al menos respecto a sus pares.
Por otro lado, no deja de actuar como buen ansiolítico sabiendo que en cualquier momento y lugar un par responderá del otro lado a las necesidades inmediatas, convirtiéndose, al mismo tiempo en el dispositivo de monitoreo más preciado por los padres.
En tercer lugar, posibilita la creación de un espacio discreto, separado del mundo adulto, que a la vez posibilita el contacto con los padres ante la experiencia de tomar contacto con nuevos espacios explorados.
A fines de los 90´, poseer uno implicaba pertenecer a la avanzada, ser pionero y por lo tanto líder, aunque para otros tantos podía resultar un quemo. En el 2000, y a pesar de la pequeña plaza de aparatos que posibilitaban este servicio, el intercambiar mensajes de texto cumplía perfectamente con la necesidad de contar con un mensajero instantáneo móvil, aunque aun siquiera había compatibilidad entre operadoras para establecer una comunicación. En 2003 el uso seguía relacionándose con la clase media o alta, y se iniciaba compartiéndolo con un mayor. Para 2004 ya comenzaría el efecto red, las ventas crecerían notablemente llegando a casi todos los sectores de la sociedad.
A lo largo de los años, y a medida que el celular se fue propagando entre los pares adolescentes, se convirtió en un fuerte medio para sociabilizarse. La principal atracción, sin duda: la capacidad de mensajes, convirtiendo la voz en un uso asociado al mundo adulto, casi accesorio. Una oralidad escrita que no distingue espacios ni horarios, una nueva modalidad de trasgresión, principalmente en horario escolar.
Lo cierto es que hoy es colocado por los adolescentes a la par del teléfono fijo y de Internet. Deja de ser percibido como un medio de comunicación complementario para ocupar el lugar de dispositivo personal. Varios adolescentes impacientes por recibir la propuesta de sus padres, no aguantan y comienzan a tomar la iniciativa de solicitar uno: sus amigos ya lo tienen y necesitan marcar la pertenencia al grupo contando con uno también. Así, el celular se convierte entonces en un ícono adolescente, junto a toda la personalización que lo acompaña.